sábado, 4 de abril de 2009

La esperanza, frente al dolor…

Los sonidos de la respiración cansada, la opaca vista de sus ojos, el lento latido de su corazón y sus manos agitadas; fueron las primeras impresiones que tuve al conocer a Juan, quien lleva un año de saber que tiene cáncer, enfermedad silenciosa, me comentó.
Él narra su vida con nostalgia y mientras sus ojos son una laguna de lágrimas que no brotan, porque un día se cansó de llorar, cuenta lo duro, triste pero sobretodo doloroso de sus quimioterapias, cada vez que escucha que llega una, él pide al Señor que le de valor para continuar, está seguro que un día todo acabará y podrá volver a seguir en su caminar.
Su vida de ayer y de hoy a cambiado mucho, antes era muy superficial, perfeccionista, egoísta y negativo; hoy lo veo con sus ojos aunque cansados, llenos de esperanza, es un joven apegado a Dios, que no le importa si el resto comete errores vagos, que le da igual si las cosas van o si vienen, se ha reconciliado consigo mismo, y lo único que añora es sentir nuevamente el milagro de la vida en plenitud.
El valor y temple lo ha dado él mismo, cuando se enteró que su vida estaba a un paso de la muerte, su familia echó a llorar y a sentir lástima por él, situaciones que le inyectaron ganas y lucha por salir adelante y derrotar a la enfermedad. Nunca se imaginó que iba a ser tan duro, había oído hablar sobre las quimioterapias, y cuando las sintió por primera vez creyó morir.
Su cabello caído y su cuerpo pálido casi sin color, me hacían sentir algo rara, como que quería mejor escapar y dejar la conversación, pues mi sensibilidad me ponía triste; pero él mismo se encargó de darme alegría, dándome ánimo y un buen consejo “vive la vida, como si fuera el último día”…
Finalmente, así conocí a Juan, en una situación que yo mismo busqué, en un lugar donde lo encontré y en un momento especial… Tengo la satisfacción de que hallé al personaje principal de esta crónica, que en esta tarde de verano y siendo un día normal, la escribo pensando en él, y en que es el antídoto ante la enfermedad, y la esperanza frente al dolor…
Cinthya Cevallos Ludeña

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